Si eres fumador puedes fumar mientras lees esto.


Si eres fumador puedes fumar mientra lees esto.
Si no eres fumador, enhorabuena, me alegro mucho que así sea.

A veces es difícil saber si se quiere dejar de fumar. Pero si estás leyendo esto es que quieres.
Cuando uno ya sabe que quiere dejarlo lo primero que le entra es miedo:
”¿Y si lo dejo cómo me voy a desenvolver después? No me imagino sin mi cigarro en la mano cuando conduzco o cuando llamo por teléfono o cuando termino de comer”
Es normal. Todos tenemos miedo a lo desconocido, al esfuerzo, al fracaso y por eso nos cuesta tomar la decisión de dejarlo. ¿Quién no lo ha dejado y ha vuelto? A mí me pasó, lo dejé durante 4 meses y volví a fumar, lo mismo o más que antes de dejarlo.
Entonces, parece que uno está en un callejón sin salida y prefiere consolarse con que me gusta fumar, que nunca lo dejaré porque así lo he elegido, porque soy libre de hacer lo que quiera y a mi nadie me va a prohibir nada. Pensamos así pero en el fondo sabemos que no es cierto, nos autoengañamos, nos justificamos.
Desde que tenía 15 años he estado fumando 25 años, en mayor o menor medida pero cada vez más. Llegué a fumar hasta paquete y medio de Ducados. Cuando lo dejé durante 4 meses, fumaba eso y cuando volví, igual, pero no me arrepiento de haberlo intentado porque me sirvió de mucho para dejarlo definitivamente después.
El método que utilicé para dejarlo primero fue el de Allen Carr, con su libro “Dejar de fumar es fácil si se sabe cómo” Y es verdad, es fácil. Aunque parezca increible a mí me pasó. Pasé de fumar paquete y medio de Ducados a nada, sin necesidad de chiles, caramelos, etc y sin engordar. Resultó tan fácil que no supe apreciar el logro tan grande que fue dejarlo. Sentía el mono del tabaco, que no es más que sentir un poco de hambre en el estómago, y disfruté de sentir ese mono porque no fue ningún sacrificio, ni siquiera una molestia.
El caso es que después de pasar 4 meses sin necesidad ni interés en fumar, un día, me entraron unas ganas terribles de tabaco y estuve buscandolo por toda la casa. En teoría había tirado todo pero encontré un puro de una boda y me lo fumé. De ahí pasé a la misma dependencia de antes en custión de una semana. Cada día un poco más de enganche hasta llegar al punto de partida y a la frustración y desengaño correspondiente.
En esa situación uno piensa en que ya no lo va a dejar, que está claro que no puede y que mejor buscarse las mejores excusas posibles para justificarse ante sí y ante los demás, sabiendo, claro está, en el daño que nos hacemos, por muy fuertes que seamos, que lo somos.
Pero igual que recordé el puro que tenía en la casa cuando volví a caer, recordé que en el libro que me había ayudado a dejar de fumar, hablaba de otro libro del mismo autor que era para los que habían dejado de fumar con su libro y habían recaído. Cuando caí en ello se me alegró la cara y me pareció increíble que hubiera otra posibilidad, pero ahí estaba.
Seguí haciendo mi vida normal, disgustado interiormente de seguir pegado al tabaco pero aparentemente normal para el resto. Afortunadamente no he tenido problemas de salud por lo que no me obsesionaba el tema aunque me seguía rondando por la cabeza.


Un día, después de acordarme de la nocha anterior fumando un cigarrillo tras otro frente al ordenador, del montón de colillas en el cenicero y del malestar físico y mental al levantarme, decidí ir a una librería y pedir esa segunda parte del libro. Y así lo hice. Pregunté en varias hasta que en una me dijeron que lo sentían pero que la editorial no había sacado una edición en castellano de esa segunda parte, que si la quería en inglés me la podía pedir. Se me cayó el alma a los pies. Ya me veía toda mi vida con el paquete de Ducados y el mechero en el bolsillo de los pantalones, fumando compulsivamente antes de entrar en el cine, en el autobús, en el avión; pidiendo permiso para fumar, buscando los sitios donde todavía dejan; llegando a viejo con la tos típica del tabaco, el cigarro en una mano y el bastón en otra. En fin, sólo cabía esperar la traducción y, mientras tanto, tener suerte y no pillar una enfermedad a consecuencia del tabaco.
Y en esas estuve durante un tiempo hasta que un conocido me comentó cómo lo había dejado él. Hay que decir que él fumaba tanto o más que yo y del mismo tabaco, con lo cual cada vez que nos veíamos nos ofrecíamos y fumábamos mucho. Me quedé sorprendido pero a la vez me alegré por él. Le pregunté que si podía yo fumar y me dijo que sí, que no le molestaba. Me volví a sorprender porque lo primero que uno piensa del que lo deja es que se vuelve un intolerante, pero no. Él lo había dejado y lo demás no le influía. Claro, la curiosidad me pudo y le pregunté.
Me dijo que había ido un par de días seguidos, junto con más gente, a ver a una mujer y que, el segundo día, le hizo fumarse un último cigarrillo y que lo pasó fatal. No llegó a vomitar pero le supo asqueroso, que no quería terminarlo. Le obligaron a hacerlo y se lo acabó. Y cuando salió de allí supo que ya nunca más volvería a fumar.
Claro, me quedé mirando con cara de bobo pero escéptico. Era difícil de creer pero ¿por qué me iba a engañar?. Sería absurdo, se estaría engañando él. Pero no, no le veía nervioso, ni molesto por el humo de mi cigarro, ni inquieto por no fumar él. Es más, le veía feliz de haberse desenganchado por fin.
Como todo fumador, cambié el tema de conversación y tratamos de otras cosas pero se me quedó en la memoria lo que me contó.
Necesité varios días más de consumo compulsivo nocturno y malos despertares para decidirme a probar el método de mi amigo. Recordé que me dijo que el pueblo donde fue se llamaba Herrera de Duero, en la provincia de Valladolid. Así que un día que tenía que trabajar en esta provincia busqué un hueco y pasé por Herrera de Duero. Pregunté por la casa de la mujer que ayudaba a dejar de fumar y me lo dijeron enseguida porque allí era bien conocida. Llegué hasta allí y me fijé en el cartel de la puerta. Había dos días en el año para coger cita. Uno era dos meses después y otro a los ocho meses. Había que ir ese día, hace cola y que te diera otro día para dejar de fumar.
Bueno, no había nada que perder, así que anoté el día y me propuse ir porque si funcionaba sentiría una satisfación inmensa.
Hasta que llegó ese día estuve preguntando a gente que fumaba por si quería dejarlo. Se podía pedir cita hasta para ocho personas. Al final, tres amigos se unieron y me encargué de ir para reservar para nosotros cuatro.
El día de la reserva, cuando llegué, ya había gente esperando. Todo el mundo fumando como carreteros y comentando su situación, de dónde venía, por qué lo hacía. Eran las 4 de la tarde e iba para largo. Hubo algún problema en cuanto al turno, el sistema de números y el agobio de la gente que venía de lejos (Sevilla, Barcelona, Madrid, etc) pero al final todo se solucionó y dos hora después de abrir me dieron día para ir a dejar de fumar.
Bueno, ya estaba. Se había iniciado el proceso y daban ganas de fumar no sea que esto funcione y de verdad no vuelva a fumar. En fin, lo que suele pasar cuando eres fumador, que quieres pero te da miedo que pase porque igual lo paso mal. Pero no fue así.
Fue un descanso esos días que pasaron hasta que fuimos a dejar de fumar. Podía estar relajado pensando que estaba haciendo lo que tenía que hacer. Que estaba dado el paso y que no me iba a echar atrás.
Cierto miedo a lo desconocido, a cómo será después, a si podré, a si no recaeré me pasaba a veces por la cabeza. Pero estaba decidido. Iría. No soy ningún valiente pero aquí no había nada que perder y sí mucho que ganar.
Llegó el día y fuimos a dejar de fumar. Mientras esperabamos la hora, todo el grupo que estabamos esperando estabamos fumando como si fuera el último, uno tras otro, nerviosos pero esperanzados, con la euforia del que sabe que algo bueno va a pasar pero no se lo cree, como la alegría del que le ha tocado la lotería pero está pensando si no se la extraviarán en el banco y se quedará sin nada.
A las 11 de la mañana entramos, nos sentamos todos y se presentó Nieves, que así se llama la mujer que ayuda a dejar de fumar. Nos estuvo contando muchas cosas en un ambiente relajado, tranquilo, en el que todos estuvimos expectantes. Nos contó lo que pretendía, cómo lo iba a ir haciendo y fue desarrollándose la sesión sin nada espectacular ni sorprendente que contar. Cada cual hacía las preguntas que consideraba oportunas e intervenía cuando bien le parecía. Nada raro, vamos. Al final nos dio unos consejos y nos citó para el día siguiente a la misma hora, las 11 de la mañana.
Todos salimos incrédulos porque no habíamos notado nada. Pero ya habíamos pasado una sesión y teníamos clarísimo que volveríamos al día siguiente. Ningún sacrificio, ninguna renuncia, ningún propósito, ningún reproche. Nada que nos hiciera sentir mal.
Al día siguiente volvimos todos, espectantes y escépticos, pero con el convencimiento de volver. La sesión se desarrolló de la misma manera, todos sentados, tranquilos, relajados, escuchando y comentando las cosas. Nieves nos fue poniendo las manos en distintas partes a cada uno, al igual que el día anterior, y todos contemplábamos lo que hacía con los demás. La única diferencia fue que al final nos hizo fumar el último cigarrillo. Cada cual sacó de su tabaco y cuando todos estabamos dispuestos nos dio la orden de encenderlo.
Yo esperaba sentir algo desagradable, que me hiciera aborrecer el tabaco. Pero no. Me lo fui fumando e incluso me gustaba, me sabía bueno, no notaba nada distinto. Eso me tenía un poco confuso porque había otros que no querían seguirlo fumando y les obligaba. Algunos lo hacían con cara de asco y alguno hubo que sentía mareos. Pero yo no. Lo fumé y me supo hasta bien.
Terminamos todos, se recompusieron quienes les sentó mal el último cigarro, nos relajamos y ya nos fuimos despidiendo de Nieves. Todos estabamos contentos y agradecidos. Cada cuál le dio como pago lo que creyó conveniente porque en ningún caso pidió nada excepto la voluntad y porque se lo preguntamos.
Lo que sí recuerdo es lo primero que hice cuando salí. Busqué una papalera y tiré con unas ganas y con una alegría la cajetilla de Ducados y el mechero que me resultaba increíble que lo pudiera hacer, sabiendo además que lo tiraba para siempre; que ya no tendría nunca más el incordio de llevar en los bolsillos el tabaco, de tener que bajar a comprar cuando me quedase sin él por la noche; que me olvidaría de los ceniceros, del olor de la habitación al día siguiente, de buscar sitios donde fumar, de poner ambientador en el coche, de oir a los intolerantes sobre la retahila de lo malo que es fumar, de oir los consejos de los que no han fumado nunca y de los que dejaron de fumar y se quedaron amargados. En fin, me desprendí de una carga que afortunadamente ha sido para siempre. Y me costó lo que cuesta ir dos días a un lugar y volver.
Cada vez que lo pienso me alegro. Es un satisfación muy grande ver que te has librado, que no dependes ya de la nicotina y de que haces las mismas cosas que antes pero sin fumar. Y es que además ni te acuerdas. Parece mentira pero no lo es.
El que esté buscando una oportunidad para dejar de fumar sin necesidad de fuerza de voluntad aquí tiene la ocasión, es fácil.
Ahora Nieves, la mujer que ayuda a dejar de fumar, ha cambiado la forma de contacto. Ahora es más fácil porque basta pedir cita por teléfono, no hace falta hacer cola un día concreto. Su teléfono es 695192991. Mejor llamar sobre las 9 de la noche. Conviene insistir porque suele estar desconcectado.
Cada uno es libre de elegir lo que quiera ser o lo que quiera hacer.
Uno es libre de ir al dentista y pedir que le saquen la muela sin anestesia. Yo le admiraría porque yo no podría hacerlo. Del mismo modo uno puede dejar de fumar por iniciativa propia, yo le admiro porque yo no pude. Pero gracias a la ayuda de Nieves sí pude. Por eso dejo esto aquí escrito como agradecimiento y porque si fumas sepas que aquí tienes tu oportunidad.

Algunas opiniones podeis ver aquí:
Foro ciudad

El libro de Allen Carr se puede comprar en: Casa del Libro



3 comentarios:

  1. Sabes si actualmente tiene el mismo numero de telefono?

    Gracias!

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    Respuestas
    1. Hola, creo que sí, pero no está siempre operativo.
      Saludos

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  2. Muy interesante tu articulo. Además se ofrece hoy en día una ámplia gama de productos naturales para buscar con manera fácil y segura en una farmacia online que pueden ayudar a solucionar el problema.

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